Decir "no" sin culpa: el arte de poner límites saludables
- oriol Burgès Gascón
- 11 abr 2025
- 6 Min. de lectura
¿Alguna vez has dicho que sí cuando en realidad querías decir que no? Nos pasa a todos. A veces, aceptamos compromisos que nos abruman, priorizamos las necesidades de otros sobre las nuestras y podemos terminar sintiéndonos agotados, ansiosos o incluso perdiendo de vista quiénes somos y qué queremos.

Poner límites no es solo un acto de autocuidado, sino una forma de reafirmarnos a nosotros mismos y de construir relaciones más sanas y equilibradas. Aprender a decir "no" sin culpa y comunicar nuestras necesidades de manera clara es una necesidad para nuestra salud mental. Si sentís que siempre estás al límite, puede que sea momento de revisar qué estás permitiendo y qué necesitas cambiar.
¿Qué significa realmente poner límites?
Los límites delimitan el espacio entre nosotros y los demás, marcando hasta dónde permitimos que lleguen en nuestra vida. Son una forma de definir qué queremos preservar como nuestro y hasta qué punto dejamos entrar al otro.
Los límites necesitan ser dichos, porque si no los expresamos no existen, y los demás no pueden conocerlos ni respetarlos. Por eso, poner límites es hablar y comunicar.
Contrario a lo que muchas personas creen, establecer límites no significa ser egoísta, distante o inflexible. Poner límites tampoco es sinónimo de decir “no” a todo, ni de imponer nuestra voluntad, sino de encontrar un equilibrio entre nuestra autonomía y la convivencia con los otros. Es una manera de construir relaciones más sanas y auténticas, donde tanto nuestras necesidades como las de los demás sean respetadas.
Muchos de nosotros hemos crecido con la idea de que ser servicial o complaciente nos hace mejores personas. Es importante cuestionar esta creencia: aunque sea común pensar así, no es precisamente cierto. Podemos ser personas amables y consideradas, y al mismo tiempo decidir priorizarnos cuando sea necesario. Existe una cuota de egoísmo sano y necesario que nos preserva, y que todos debemos desarrollar para proteger nuestro bienestar y mantener nuestro equilibrio emocional. Nuestra salud mental depende, en buena medida, de nuestra capacidad para establecer límites adecuados.
El impacto de no poner límites
No establecer límites puede traer consecuencias negativas en nuestra vida:
Agotamiento emocional y físico: Decir “sí” cuando en realidad queremos decir “no” nos desgasta, nos sobrecarga y nos deja sin energía para lo que realmente importa. Somos humanos, nuestra energía y nuestro tiempo no son infinitos. Aunque queramos cumplir con todo y con todos, no siempre es posible. Forzarnos a hacerlo nos lleva más allá de nuestros propios límites, generando estrés, ansiedad y una sensación de estar desbordados. A largo plazo, esto puede tener un impacto significativo en nuestra salud física y mental.
Relaciones desequilibradas: Cuando no ponemos límites, permitimos que los demás invadan nuestro espacio y exigimos de nosotros más de lo que realmente podemos dar. Esto nos deja en una posición de desventaja y puede hacernos sentir que los demás abusan de nuestra disposición o no nos valoran. La falta de límites genera frustración, resentimiento y, en muchos casos, enojo, afectando la calidad de nuestras relaciones. Incluso, algunas personas, en lugar de expresar su malestar, optan por alejarse silenciosamente, lo que puede llevar a distanciamientos innecesarios.
Pérdida de identidad: Priorizar constantemente a los demás nos desconecta de nuestras propias necesidades y deseos. En el afán de agradar o ser aceptados, dejamos de preguntarnos qué queremos realmente. Con el tiempo, esto puede hacer que nos sintamos perdidos, sin saber qué nos gusta o qué nos hace bien, ya que hemos aprendido a relegarnos siempre a un segundo plano.
Baja autoestima: No establecer límites refuerza la idea de que nuestras necesidades y nuestra opinión no son importantes. Muchas personas creen que su inseguridad les impide expresar lo que piensan o necesitan, pero ¿y si fuera al revés? ¿Y si, precisamente, el hecho de no expresar lo que realmente somos y queremos, contribuyera a esa inseguridad? Poner límites es un acto de reconocimiento y validación personal.
Factores que dificultan el establecimiento de límites
Poner límites puede ser un desafío porque nos enfrentamos a:
Miedo al rechazo o al conflicto: Decimos “sí” por temor a que los demás se molesten, a generar discusiones o a enfrentarnos a conflictos. Sin embargo, cuando profundizamos en este miedo, encontramos que muchas veces está vinculado a un temor mayor: el miedo al rechazo y a la soledad. Nos preocupa que, si marcamos un límite, los demás se alejen o dejen de querernos.
Cultura de la complacencia: Si hemos crecido con la idea de que ser buenas personas implica poner a los demás primero, ceder y ser serviciales, es posible que nos cueste mucho decir “no” sin sentir culpa. Creemos, erróneamente, que eso nos convierte en egoístas o insensibles.
Falta de autoconocimiento: Muchas veces, la dificultad para poner límites surge de la desconexión con nosotros mismos. Si no tenemos claro qué queremos y necesitamos, nos resultará difícil identificar cuándo debemos establecer un límite.
Creencia de que podemos con todo: A veces, nos exigimos más allá de nuestras capacidades. No reconocer nuestras propias limitaciones y las señales de agotamiento nos impide frenar a tiempo y priorizarnos cuando es necesario.
Culpa: Nos sentimos responsables del bienestar de los demás y creemos que al decirles que "no" estamos fallándoles. Muchas veces, poner límites nos provoca un malestar tan grande, que evitamos hacerlo justamente para no sentirnos así.
Claves para poner límites saludables
Poner límites es una habilidad que se va aprendiendo con el tiempo y requiere práctica. A continuación, vamos a explorar algunos puntos clave que te ayudarán en este recorrido:
Identificá tus prioridades
¿Qué es lo más importante para vos? ¿A qué personas, actividades o áreas de tu vida querés dedicarle tu tiempo y energía? Definir tus prioridades es fundamental para saber qué es lo que querés proteger y tomar decisiones alineadas con tus necesidades y deseos. También es importante reflexionar sobre qué es lo que te incomoda, lo que te quita energía y lo que te hace sentir bien. De esta forma, será mucho más claro reconocer qué límites poner y cuándo hacerlo.
Expresá tus límites con claridad
Es importante comunicar tus límites de manera clara y sin vueltas. Esto siempre será más efectivo y saludable que lanzar indirectas y esperar a que los demás adivinen lo que necesitás o lo que querés. Muchas veces, un simple “no” es suficiente, sin la necesidad de dar largas explicaciones ni justificar tus decisiones. En otras ocasiones, puede ser efectivo decir que sí, pero estableciendo condiciones que te permitan encontrar un equilibrio. Por ejemplo: “Voy, pero a las 10 me vuelvo a casa porque hoy quiero dormirme temprano”.
Avanzá paso a paso
Al comenzar a poner límites, es normal sentirse abrumado o inseguro. A veces, puede ser difícil identificar cuándo es necesario establecer un límite, o puede que sí reconozcas la necesidad, pero no sepas cómo hacerlo o no te animes. Es importante entender que esto es un proceso de aprendizaje que requiere tiempo y práctica. Lo ideal es empezar con situaciones más sencillas y con personas con las que te sientas cómodo, para luego avanzar hacia escenarios más desafiantes. Cada paso, por más simple que parezca, te está ayudando a mejorar tu habilidad y te hará sentir cada vez más seguro.
Atravesá la incomodidad
Poner límites puede generarte sensaciones de culpa o inseguridad, especialmente cuando te gustaría decir que sí, o cuando creés que el otro no entenderá tu límite o lo tomará mal. Estas sensaciones no son señal de que estás haciendo algo mal, sino de que estás creciendo. Cuando hacemos algo nuevo, es natural sentirse incómodo. Es importante anticiparse a estas sensaciones, sabiendo que son parte del proceso y que debemos avanzar a pesar de ellas. Tener presente por qué estás estableciendo esos límites, es decir, qué estás protegiendo y priorizando, te ayudará a afrontar esa incomodidad con más tranquilidad.
Aceptá las reacciones de los demás
Los demás pueden responder de diferentes maneras a tus límites. A veces, reaccionarán mejor de lo que imaginaste, y otras, pueden mostrar resistencia o frustración. Recordá que la reacción del otro no es tu responsabilidad. Al principio, a algunas personas les costará aceptar que estás estableciendo límites, pero con el tiempo, quienes realmente te quieren y valoran tu bienestar aprenderán a respetarlos.
Los límites como herramienta de autocuidado
Aprender a poner límites requiere autoconocimiento, valentía y práctica. Al principio, es normal sentir temor o incomodidad, pero debemos pensarlo como un proceso de aprendizaje donde cada paso cuenta para desarrollar nuestra habilidad y sentirnos más seguros.
Establecer límites nos ayuda a construir relaciones más auténticas y equilibradas. Nos permite ser nosotros mismos sin miedo, sentirnos cómodos en nuestros vínculos y comunicar lo que necesitamos con claridad. Además, cuando expresamos nuestros límites con seguridad, no solo nos protegemos y nos sentimos mejor con nosotros mismos, sino que también enseñamos a los demás cómo queremos y merecemos ser tratados.
Poner límites no es egoísmo, es un acto necesario de respeto y cuidado hacia nosotros mismos.






